sábado, 31 de mayo de 2008

Distancia obliga ...

Tengo que decir, que te hice el amor ayer tarde en mi cama, con la fuerza del mil cañones, con el ímpetu del deseo refrenado de ayer mañana. Estaba atado, retenido, porque se soliviantaba solo, reventando de aflorar, impaciente por sentirte, deseoso de que tu abrigo lo acogiera, sintiendo el roce de su piel en tu flor de ósculos, que lo acariciarían como besándolo al entrar, como si depositara mi punta erguida en esos carnosos labios y succcionaras, hasta embeberlo dentro de tu boca. Así sería entrar en ti, puesto que lo besarías y succionarías de la misma forma y a la vez más intensa, rodeándolo, embadurnándolo de tu ser, haciéndole sentir tu suavidad, tu deslizar sobre él y la presión salvaje, queriendo no despegarlo de ti.

Sentirlo aprisionado, con los espasmos de tu sexo, al sentirte recorrer, el interior asiendo, aferrado al placer que mi deambular interno te ofrece y sé que lo sientes, sé que te abres, sé que te chorreas con solo imaginarlo, al igual que yo me levanto de sentirlo al escribir, lo sabes y si te acuerdas, sabes como se desboca al estar sintiéndote, sabes que se abrillanta, se tensa, se pone bravo y lo ves majestuoso. Así incipiente despertar de una tormenta que solo puede acabar en un diluvio de sensaciones para ti y para mi. Lo sabes y te emociona como a mi, poder sentirlo en la distancia, y cuando fluye en ti ese rio desmadejado, voluptuoso y embriagador, sonries, sientes la belleza del sueño amado, de saber que lo sientes aunque no esté a tu lado, y eso es muy fuerte e importante. Sabes que puedes sentirlo eternamente y percibes ese cálido furor derramarse dentro de ti, fluyendo entre tus piernas, cabalgándote las mariposas, el placentero arco iris de un sopor que te hacen desvanecerte en una brisa de tenue seda, que te acaricia y te eriza la incandescente piel, lo sientes y te abrazas tu cuerpo, a ese imaginario cuerpo, que sabes como es pero no lo tienes entre tus dedos, pero lo sientes palpitar como si su esencia corpórea te quemara. Notas hasta ese fuego de su vastago que te ha abrazado tus entrañas, su dureza, su suavidad, su virilidad, su ansiedad, su destreza y su fuerza que te ha llenado por completo de ardiente lava de su volcán.