Hoy lo hizo de nuevo: estuvo y no me buscó. Fue mentira lo de la carta porque no me escribió hasta hoy, ni media línea.
Yo sólo constato, compruebo antes de actuar oficialmente.
Por mi parte, sigo empeñada en volar todo vestigio de él. Lo he hecho en mis muros, billeteras, libretas, agendas y teléfonos. Me faltan las carpetas e imágenes sueltas que tengo en el computador. En otro aspecto, no permito que me invada la tristeza ni la nostalgia. Me reto mentalmente y a viva voz el sólo dedicar un pestañazo de mi tiempo a recordarlo, y si lo hago es para echarle un rosario de chuchadas por maricón y por mantenerme engañada todos estos años.
Las groserías se las digo de preferencia al levantarme y al acostarme, horas que se las dedicaba por completo al rufián. No me siento tan mal porque me río de lo que soy capaz de hacer con un hombre que tanto, pero tanto amé. Sí, digo amé, así en pasado, porque no me permitiré tampoco el manifestarle ni un minuto de amor a quien no supo apreciarlo en su momento. Parece que le di perlas a un cerdo todos estos años...