sábado, 8 de diciembre de 2007

Sueño

Mis uñas se entierran en tu carne, mis dientes atrapan tus labios y los jalan con furia, Es la sed, es el hambre, la victoria de tenerte, es el paroxismo de fundirme en ti. Arrancar gritos, gemidos, suspiros y ayes en el frenesí del encuentro. Beber gota a gota el sudor de tu frente, lamer tu piel hasta dejarte entero impregnao de mi sabor, y absorber con mis labios toda la locura que expele esa piel color canela.

Las aletas de mi nariz se contraen y se dilatan, cada vez más por la excitación que acelera la respiración. La vista se pone fija, con ojos que no pueden ver, los labios se hinchan por el deseo incontrolable. Lo sientes, lo deseas también, tu cuerpo sabe qué hacer y hasta dónde prolongar la ansiedad.

Miras con pasión y con dulzura infinita. Besas, dejas que te haga lujuriosas y bruscas caricias, Sólo sonríes y esperas. Tocas, provocas, das y quitas. Te grito, te pido, te empujo y te me escapas. Subo mi cuerpo a ti, serpenteando y apenas dejas que te roce. Te gusta verme loca, ardiendo de deseo para empezar la parte más intensa del encuentro.

Besas mi boca, mi cuello, me hablas al oído palabras ininteligibles, succionas mis pezones con fruición mientras amasas mis pechos. Siento el olor de tu cabello, un aroma a agua de vertiente, a aire puro, a libertad. Es suave como un terciopelo al igual que tu espalda y toda tu piel. Tus piernas vigorosas comandan la acción junto con tu boca. Se instalan, se acomodan, buscan diferentes posiciones, y dirigen las mías. Se mueven de forma exquisita y brutal. Son tu motor, la música y el ritmo de tu cuerpo. Sin su rol protagónico, no sería lo mismo.

Mi cuerpo se baña por completo, se moja, le corre la humedad. No es transpiración, no es. Es la felicidad, es el llanto de mi cuerpo que emerge al unísono, por todos mis poros: He logrado mi sueño y me fundo en ti, soy una contigo.

Llego al cielo de un impulso y me quedo suspendida, como flotando en la superficie de una copa de champagne. Mi cuerpo siente el abundante líquido chispeante en que me baño, y le gusta. Le gusta su densidad, su olor, su calor. Todo es perfecto, al igual que tu sonrisa. Tu mirada dulce se ha transformado y ya no ve, has entornado los ojos como diciendo ¡Al fin!

Llega la paz, llega la calma. Uno al lado del otro... y en un momento inesperado tu mano me toca, me acaricia. Te miro y veo tus dientes de perlas detrás de una mueca encantadora. Me miras dulcemente y me dices: ¿Estás bien, Reina?